Polaridades, paradojas y acertijos

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Toda conducta contiene sus opuestos:

*La fatuidad conduce al colapso.

*La muestra de fuerza sugiere inseguridad.

*Lo que se eleva bajará.

También:

*Lo femenino sobrevive a lo masculino.

*Lo femenino permite, pero lo masculino causa.

*Lo femenino se entrega, luego acuerda y gana.

Y:

*El agua rompe a la roca.

*El espíritu sobrepasa a la fuerza.

*El débil desbaratará al poderoso.

Aprende a ver las cosas de atrás para adelante, de adentro hacia afuera, de arriba hacia abajo.

El tao de los Líderes. John Heider

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“Si No Te Quieres Resfriar, Llora Cuando Tengas Que Llorar”

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En una cadena de supermercados lanzaron una promoción de pañuelos de papel “3×2″: te llevas tres y pagas sólo dos. El lema que utilizó la marca fue la siguiente: 

“Si no te quieres resfriar, llora cuando tengas que llorar”.

Los clientes hicieron caso a ese rompedor mensaje de la campaña y, los que antes utilizaban pañuelos para sonarse los mocos durante sus catarros, (según una encuesta previa la promoción, medicados con antidepresivos, hombres a los que se les había prohibido llorar, mujeres que se daban de heroínas y demostraban que nada les afectaba y personas de ambos sexos que moqueaban todo el tiempo por prohibir en general la expresión de emociones), ahora los usaban para secarse esas lágrimas liberadoras que antes bloqueaban.

Las ventas subieron y la población de usuarios de esos tisúes se declararon más sanos en una encuesta posterior a la campaña, sin embargo, en poco tiempo desapareció misteriosamente el producto del mercado. 

No nos hagan caso, pero algo nos hace sospechar de los laboratorios fabricantes de psicofármacos.

*

IDEAS LOCAS, CUENTOS CUERDOS

http://planocreativo.wordpress.com/2011/08/19/si-no-te-quieres-resfriar-llora-cuando-tengas-que-llorar-2/

 

ENS REALISSIMUN

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La Realidad es uno de los problemas más apasionantes de la filosofía.

Desde la antigua posición que asimilaba la Realidad a Lo Creado (Realismo Metafísico), hasta el pensamiento contemporáneo donde la realidad no es más que un sistema de creencias y percepciones, opiniones y conceptos (Realismo Interno),  ya es muy difícil saber de qué hablamos.

La Realidad se nos escapa de las manos. Aquello que teníamos por cierto, por estable, ya se ha desmenuzado.

Y no hablo de las cavilaciones de los filósofos, sino de aquellos de nosotros (la mayoría) que nos dedicamos a otra cosa. De todas maneras, el asombro no es monopolio de los filósofos. Ni la búsqueda de la verdad.

Ayer, con mi bilocación virtual cotidiana, seguía en un canal de la TV mexicana el debate de los candidatos a la presidencia y me divertía con los comentarios en Twitter, a la vez que espiaba el programa de Lanata en Buenos Aires y… me divertía con los comentarios en Twitter.

En ambos casos había esfuerzos por probar que hay una realidad que el otro altera. Una realidad a la antigua, la verdadera, “la neta”, “la posta”.

Cada candidato mexicano presumía de poseer los méritos y la información para probar que cualquier otra elección nos conducirá al infierno, básicamente porque el otro miente. Al terminar el debate, cada candidato se declaró ganador y salió a festejar, con la gente que confirmó la versión de la realidad que ya tenía asumida antes de comenzar cualquier debate y que no modificó luego del mismo.

Mientras tanto –esto sucedía al mismo tiempo, aunque no a la misma hora- , el periodista argentino trataba de probar que el gobierno nacional altera la realidad de acuerdo a un plan sistemático, inventando –entre otras cosas- tuiteros para crear ambiente en la opinión pública.

Al término del programa se cruzaban las voces de quienes se escandalizaron con las de quienes niegan tal engaño, contraatacando con la denuncia de una conspiración –la habitual, la de la Corpo- que inventa que los otros inventan, y así, como una cinta de Moebius, hasta el hartazgo.

Este es un espectáculo cotidiano, en ambas sociedades, con algunos matices diferentes, pero con el mismo fondo.

Entonces se me ocurrió pensar que la realidad, como experiencia de lo existente, o la verdad, como concordancia del concepto con los hechos, ya son variables anticuadas, en absoluto desuso.

Es cierto que la realidad se ha fragmentado, en la filosofía y en la virtualidad. Que la experiencia está mediatizada por la información y el espectáculo (tal vez sean sinónimos en la actualidad). Que el poder altera la realidad y, en ocasiones, la crea completita. Una tragedia hoy puede ser una tragedia o una puesta en escena de un medio de comunicación. Un delito puede hoy ser un delito o una conspiración de los que intentan implicar a un inocente. Una mentira no es más que un concepto improbable.

Pero la gente se ha resignado a no buscar más. Ante la terrible dificultad de conocer la realidad, ante la complicación de lo objetivo, no reacciona con una duda radical, sino con una elección personalizada. El “yo creo” o el “yo opino” –sobre el que escribí en otra ocasión- encabeza cualquier afirmación de una realidad íntima, personal, no negociable. Esto es especialmente visible en cuanto a la vivencia de la política: nos compramos el sistema que mejor nos calce, y cualquier evidencia de contradicción o quiebre es mejor ignorarlo, porque puede atentar contra nuestra noción completa de la realidad. La duda y la reflexión parecerían conducirnos a la locura.

Entonces, todo debate o toda denuncia resultan inútiles. Por lo menos en su intención de brindarnos una nueva lectura sobre la realidad, aunque no en su rol de confirmación de lo que ya creíamos si éramos afines. El intercambio de ideas parece ser no mucho más que un ritual que evoca tiempos idos, de la misma manera que un atleta corre con una antorcha para inaugurar una fiesta deportiva.

Pero en algún momento ese sistema de realidad entró en cada uno de nosotros y comenzamos a cuidarlo y a emparedarlo convenientemente. Tal vez haya que remontarse a ese origen para desmantelarlo, o por lo menos para conmoverlo. Y no con la intención de plantar otro, sino con la de no volvernos simplemente máquinas programables sin posibilidad de comunicación con los otros.

Porque no hay nada más emocionante que el espectáculo de las distintas percepciones, pero siempre y cuando puedan ser fluidas, compartidas, modificables, enriquecedoras.

Porque necesitamos ponernos de acuerdo en el problema y podamos debatir en serio sobre sus posibles soluciones.

Porque somos diferentes viviendo en el mismo mundo, no extraños que viven en mundos diferentes.

Fuente: http://elcaballerodelaluna2.blogspot.com/2012/05/ens-realissimun.html

El hombre verde

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Si de casualidad yo encuentro alguien que no me entiende o piensa que soy un bebé. Si de causalidad yo encuentro alguien así, le contaré sobre el hombre verde.

Hace ya tiempo, en una ciudad verde, vivía una persona, persona verde. La persona verde vivía en una casa verde con puerta verde y ventanas verdes.

Tenía una mujer verde y dos hijos verdes y por las noches dormía en su cama verde, soñando sueños verdes verdes.

Un día se levantó el hombre verde en una mañana verde, se calzó sus zapatos verdes, vistió su camisa verde y pantalones verdes. Sobre su cabeza se puso un gorro verde y salió.El hombre verde subió a su auto verde y viajó por la ruta verde a velocidad verde. A un lado del camino vio el hombre un mar verde, y al otro lado, muchas flores verdes.

Era un lindo día, y el hombre verde estaba contento. Cantaba canciones verdes mientras fumaba un cigarrillo verde con humo verde.

De repente el hombre verde, vio al costado de la ruta, a un hombre azul. El hombre verde detuvo su auto verde y le preguntó al hombre azul:

Hey, hombre azul, ¿qué haces aquí?

Yo” dijo el hombre azul, yo soy de otra historia.

 Escrito por Yonathan Geffen. Traducción Daniel Najnsztejn

¿Cómo diablos p…

¿Cómo diablos puede un ser humano disfrutar que un reloj de alarma lo despierta a las 5:30 a.m. para brincar de la cama, sentarse en el excusado, bañarse y vestirse, comer a la fuerza, cepillarse los dientes y cabello y encima luchar con el tráfico para llegar a un lugar en donde usted, esencialmente, hace montañas de dinero para alguien más, y encima si le preguntan, debe mostrarse agradecido por tener la oportunidad de hacer eso?”

Charles Bukowsky, 1975